Así como a veces se queman las praderas,
nuestro diálogo se envuelve en furia y discordia,
pero eso no es impedimento alguno
para decirte un te amo o comprarte flores.
Besémonos, ardamos, dejémonos consumir
por la magnífica combustión del romanticismo nuestro
una mañana pretérita bajo tus sábanas carnívoras.
Y sonriámonos, por la dicha de nuestra compañía,
y la emoción que me incinera por dentro
cuando voy camino a verte.
Gracias a la luna, ahora las noches son un regalo
y con su presencia puedo dormir tranquilo
porque la mañana siguiente tendrá nuevos matices
y me dará más oportunidades para bajarte las estrellas,
y de nuevo, sacarte una sonrisa.