a pesar de sus paletas cálidas.
Y aunque te veo tan clara como el cielo primaveral,
indefinible, infinita,
me niego a profanar este vals tuyo
sólo para comunicarte mi sentir común.
Aunque con el ceño fruncido, te saludo
y a pesar de que la existencia misma
me resulta un incordio,
he llegado a desbordar dicha, eufórico,
al tomar tu mano durante los atardeceres citadinos.
Agradezco a mis dioses, humilde.
Solo aquel que desenterró a la Venus
limpiando sus tierras comparte mi fortuna.
Porque a pesar de la incertidumbre presente,
logro acurrucarme con comodidad entre tu cabello
y olvidarme de las trivialidades cotidianas.
Te pido, maravillado por las constelaciones que compones:
Cautívame mientras hablas sobre tus prácticas pasionales,
libérame del escarmiento romantizado al que llamamos rutina.
Aventúrate conmigo a descubrir mundos nuevos,
corre, muérdeme, rasgúñame, golpéame con fervor.
Y crezcamos,
juntos.