Oh, mi querencia por Artemisa
y el terror de los ecos eclesiásticos.
Resulta equívoco que este templo
sea mi último recurso durante las noches,
la realidad de un viaje blasfemo me reveló:
Selene es quién no me rechaza ante el sol.
Aunque su voz tenga filo, sus miradas hieran
y su ira resulte imparable ante los titanes,
se rehúsa a partir.
Mi convicción por venerarle
crece con el paso del otoño,
la devoción arde por mis venas
cuando el frío consigue abrumarme
y me hallo consternado ante la realidad
de mis pecados pasados, mi añoro y
como las creencias reflejan la realidad
más nunca con la exactitud necesaria.
He decidido reconstruir este templo,
mientras Selene no me abandone,
siempre y cuando su ira resulte imparable.
Y aunque me queme, me aferraré
a las estrellas bajo sus ojos que con furor
iluminan mi camino y lo tornan más solitario.
¡No existe rezo que valga!
Las palabras resaltan su insignificancia.
El silencio, un refugio; Las acciones, redención.
Las banalidades me resultan repugnantes
y lo único que susurran mis ecos:
encontraste
salvación.