A mi señora Artemisa:
Reportan los que asistieron al frente que no existe
contienda para ser digno de su mano,
pero mi fe resulta tesonera y
no existe montaña rival para el viento decembrino.
Estos cielos cobrizos avisan este amor nuestro,
presagio de un año sin adversidades para su florecer.
Me complace escribirle que resulta
vicioso el tiempo que nos acerca a despertar juntos.
Las fruslerías simbólicas llenan mi mundo
mientras me permito crecer a su lado.
¡Se aproxima la conquista! Mi diosa silencia
mis rezos matutinos a besos. Jamás nos faltará la posibilidad
de volver a los brazos del otro.
Y en esta víspera deseo que cuando los cañones suenen
las estrellas me permitan tomar su mano
y que nunca le llegue a faltar de mí.