debido al rechazo de Artemisa,
quién silente, puso a prueba mi fé.
La carne de mi espalda no aguanta
más azotes, me deformo, la urgencia
por libertad me ahoga con una esperanza fútil.
Deseo acercarme al centro de mi nave,
ser deidad de otro témeno más mío
alejado de patras y sus limitaciones.
Reboso intolerancia y rechazo la tibieza,
los ecos de la primavera confirman
que no existo en esta realidad ajena.
Admiro mis posibilidades mesmerizado
por una cariátide angial, quién a pesar de
las náuseas que me produce reafirma
a leguas que por mi sozobra
sigo siendo demasiado pequeño
como para ser adorado.
Tal vez cuando ya no esté lleno de odio,
tal vez entonces, ya exista.
Debo seguir creciendo.