me hallo ajeno a la razón y escapo
en busca de un silencio rotundo
para así, al fin, refugiarme donde
el eco disociante de mis pasiones
me tome de la mano y supla
esta ausencia de seguridad en
mi cotidianidad.
No existe suplente para la adrenalina
que me dispara jugar con cerillas
al perseguir murciélagos que no alcanzo
y mis manos calcinadas nunca serán
un impedimento, siempre
quiero más de esta combustión
originada en el tope de mis entrañas,
rugen que soy insaciable.
Gracias a la falta de sustancias prefabricadas
ha muerto una pasión ambigua ajena
a mis capacidades. La seguridad la asesinó
con su ausencia.Y ahora medito
las palabras de aquél vago que alimenta
ardillas los fines de semana:
"Deberías regresar al juego, pues
perteneces a la noche y la noche te pertenece a ti."