domingo, 14 de octubre de 2018

Artemisa

Persiguiendo un cielo sin cólera
conocí a la brillante Selene,
me arropó con sus pesares
y el sentir de su insuficiencia.

Me cautivó su mirada,
y se me escapó el alma
con el tacto febril de sus labios

                    quebradizos,
             agudos,
  lumínicos.

(Desperté de madrugada)

Ahora me quema la noche, implacable,
adopta el furor despiadado
con el que ha llegado a arder mi cerebro
cuando ella le habita, veraniega,
durante el reposo de mis ecos
tormentosos.

Ahora, descanso sobre un cielo caótico,
consumido por el marasmo

y esperando que nunca llegue la aurora.