De tu poesía al cielo nocturno de Caracas,
de mi nostalgia al kiosco de la esquina
que se quedó sin cigarros al mediodía,
o de lo que fuera hasta un escrito
inédito, guardado vergonzosamente
por lo honesto que pudiese llegar a ser.
Hoy por hoy, no hallo inspiración
si no es en tu sonrisa infantil
causada por mis chistes malos
inspirados en el transcurso del día.
Hoy por hoy, ruego a la casualidad
que con la pequeñez de la capital
nos topemos en una tarde pretérita
para que pueda invitarte un café,
otra vez.