ni edredón de arena
que reconforte tanto
como los ecos errantes de
tu risa en las calles vacías
de una ciudad rota.
Te propongo un armisticio,
mi sentir me ha traicionado.
Yo jamás iba a saber
que mis queridas calles
me quebrarían desde adentro.
Ahora mis sueños toman tu forma,
una supernova de sentimientos idóneos
que a cenizas reducen mi sanidad.
Ahora yo también me extraño,
junto a tu calidez estacionaria,
extraño tu tempestad y tu sequía,
extraño tomarte de la mano,
caminar, y escuchar tus ecos
entre las calles vacías
de Charallave.