errático que constantemente me recuerda:
solo existe paz en la solitud.
Lamentablemente la inconformidad
me visitó, piensa quedarse dos estaciones
mientras busca un techo inflamable.
Entre hormigón y cabilla
se pasean los ecos de tu sentir volátil,
ajeno al mío. Agresivos
me susurran que no me quieres querer,
deciden acompañarme entre jornadas
sembrando más obras tardías por Bellas Artes.
No es como si un matiz frío
apacigüe la seguridad de mi equivocación,
pero mi corazón gélido siente
propia a esta jungla desbarajustada.
La incertidumbre otoñal causada por
mi afección reprimida, arrasa
con furia toda candela que alguna vez
pudo asentarse en el templo de un tal Asclepio.
La penumbra me toma de la mano
al tomar decisiones amorosas.
A pesar de los pesares, no me resulta
un apogeo el querer quererte.
Por más que los astros insistan
en una resolución catastrófica para esta
contienda rutinaria, confío en el presagio
de una bruja del centro:
Las tendencias cambian.