Conocía del todo tu existencia,
jugaba con ella como si un de un peón
se tratara; recuerdo el insomnio
y el poco juicio que procuraba conservar
aún pretendiendo poseer más de lo tangible.
No me asustaban tus secretos,
me exaltaba la idea de surcar esta coincidencia
tan inexplicable como lo susceptible del humano.
Preservaba tu inocencia inexistente
como una reliquia religiosa.
La sequía de ideológica en tu cabeza
más que interés me causaba gracia.
No se debe jugar con aquello
que puede quebrarse fácilmente.
Cordura tuya, poco celestial.
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