La soledad contraída entre
los acontecimientos fríos de las
noches paranormales de otoño
me hacen tenerte presente, aún
los acontecimientos fríos de las
noches paranormales de otoño
me hacen tenerte presente, aún
durante las obras de un universo latente.
El desvarío de un borracho familiar del este,
dónde el frío es más prolongado
y la gente no camina por despecho,
me grita y se pierde en su desasosiego:
"Uno decide cuan egoísta puede llegar a ser",
que los dioses reclaman iracundos ante
cualquier gesto considerable de interés,
me grita y se pierde en su desasosiego:
"Uno decide cuan egoísta puede llegar a ser",
que los dioses reclaman iracundos ante
cualquier gesto considerable de interés,
que evitas la vulnerabilidad.
Pero cuando las estrellas habitan tus ojos
resulta imposible pensar en la volubilidad
de este sentir mío, devoto de las auroras.
La infantilidad de los girasoles, retumba
y me asfixia con agresividad, dando razón
a la ausencia de la emoción vecina de mi esternón
cuando tu tacto se aproxima al mío y
el sacrificio se convierte en una opción
ante tantos adornos y fantasías temporarias.
A pesar del magullo y de mi congoja
te buscaría, resignado de ver reflejar en tus ojos los míos
y pediría, tal vez, que me recordases muy dentro de ti.
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