Meditando entre líneas, resiliente
ante la compañía de Fobos,
anhelo una caricia de Selene
a pesar de mi recelo sin fin.
Mis sueños se derraman
entre sus inciensos y sus tintes,
haciéndome dudar de si mi ingenuidad
es decisión o a causa de inocencia.
El vino me susurra: "no es tu culpa,
ella no sabe querer." para regalarme el
descubrirme incrédulo.
El refugio inexistente asegura
que la seguridad es imposible.
Las sombras decembrinas de su residencia
acentúan lo gélido de la madrugada
y me recuerdan el porque soy insaciable
aunque su tacto me quite la sed
y sus palabras el hambre.
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