Esta cotidianidad mía
me atiborra de señales confusas.
Lo esotérico resalta la equivocación
en mi querencia,
mientras que a su vez la causalidad
realza lo imposibile para susurrar
que aquí yace mi futuro.
(no entiendo)
Con frecuencia me visita la fortuna,
en momentos donde el atardecer pinta cálidas
las palmeras al final de mis jornadas.
Pero la noche es oscura y las fruslerías
se pierden, abrasadas por la futilidad.
Cualquier relevancia adyacente no
es más que un vil intento de reemplazo.
Dicen las brujas que el dulce de guayaba sabe mejor
fermentado. ¡Oh!, mi seguridad me ha abandonado,
desde que avivó mi duda ya no sonrío.
me encuentro construyendo recuerdos felices en duelo.
Anegado en el odio matutino, solo yo
puedo forjar este futuro mío, ¿nuestro?
(de pana que no entiendo)
Ante este templo no soy absoluto
y la intensidad del carbón de mi forja
ya no depende de mi.
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