lunes, 6 de abril de 2015

Corta introducción a mi yo de 15 años

He pasado por mucho,
tal vez he pensado mal,
tal vez estoy equivocado
y todo los malos recuerdos
son fugaces
como el viento
y no volverán nunca
a materializarse de nuevo.

Mis peores decisiones
han sido más que 
la costumbre a la decepción, 
la costumbre a estar sólo.
Sentirme perdido se ha hecho un lugar
en mi día a día.
El vacío en mi pecho, 
llena un hueco que saciaba un "te amo",
besos y más que eso, 
el tintinar fugaz
de un para siempre
que cada día palpita más
con la rotunda y dura
realidad de un nunca eterno.

Mis peores errores,
no han sido menos que
marcar las borracheras en mi hígado,
perder la guerra en otros muslos
y ganar la paz en otros labios,
sintiéndome lleno 
y mintiéndole a adolescentes
como si tú,
querida niña,
hubieras llegado por fin a mi vida.
Con más ganas de amarme,
que libertad para hacerlo.

Mis más hermosas virtudes,
se fueron con las decepciones,
pero aún
con un poco de esperanza en el pecho
recuerdo cuan bellas eran,
cuan feliz me hacía el hecho 
de tomar tu mano por gusto
y de tenerte en mi regazo,
más por amor que por segundas intenciones.
El romanticismo y las promesas,
que sólo habría podido cumplir contigo.
Los ánimos recobrados 
luego de mil y un lágrimas derramadas.
Y... ¿Qué más da?
Ya te fuiste.

No sé si hago bien
al extrañarte
y tatuar mi brazo
con tinta deleble
a diario.
Ya he vivido muchos otoños
como para seguir esperando
por una promesa que sólo un beso 
luego de tanta espera,
me asegura será cumplida.

Soy un amargado, 
odio estar sólo todo el tiempo,
pero debo admitir
que dichoso aquel que está solo a ratos.
Porque a poco las cosas son perfectas
y en exceso todo es destructivo.

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