Conocí a una chica tan hermosa y tan profunda
que su expresión triste arrancó el oxígeno de mi sangre.
y sujetándome de sus cabellos cósmicos
para evitar ahogarme en sus lágrimas intangibles
perdí el norte, el sur,
la cordura, la malicia.
Su sonrisa retrospectiva me dejó perplejo
y entre los ecos sin emisor bajo su piel
encontré un bar de peces
su vicio,
su unidad,
su trama,
y más ecos.
Y yo, receptor de
sus caricias tardías,
vivas,
espontáneas
recobré la inocencia,
y se llenó un vacío.
Su tacto me hundió hasta el fondo
del gélido océano que compone su simetría
y sus ecos.
Hasta que de tanta incongruencia,
de tanta duda
y de tanto atañer
se me rompió el corazón.
(otra vez)
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