Mi amor todavía arde
pero me tornó en un mártir.
Y ahora que ya no escribo
trastornado, me hundo.
Anclado por irracionalidades
entre tus palabras escazas
medito la fortuna que tuvo
un campesino al descubrir
la Venus de Milo en sus humildes tierras.
Y ruego a los dioses
cambiar la desmesurada imposibilidad
de encontrar tu adictiva tibieza
entre mis humildes sábanas.
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