Huí a Estocolmo.
buscando no rendirme ante nosotros,
Ella me halló desauciado, perdido
entre la memoria de su perfume,
sus banalidades tardías
y las pocas alternativas que me dejaba.
Me enredé entre las sábanas mías
como si fueran las suyas
y entre sedas, desperté abrazando su recuerdo,
bajo los ecos del medio día
con amarguras pretéritas.
Ruinas y cadáveres, putrefactos.
realidad fatua, blasfemias, esperanza marchita.
Me encuentro acorralado por mi ángel de la guarda
esquinado sobre un cielo esférico
pretendiendo abrazar la banalidad
y olvidarme de todo.
"Cobarde."
He perdido la guerra,
pero aún sigo luchando
por tenerte
por tenernos
(o eso creo)
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