Quisiera abrazarte en tu pequeñez y
acariciar las escamas de tu tristeza
mientras escucho tus composiciones
y me vuelvo testigo de tu desvarío.
Mientras impaciente escalo
"acercándome" más a tus esquemas.
Y aunque cada día saludo a un dios
diferente
ahora la atmósfera me abruma,
me atormentan más ecos que ayer,
y percibo más lejano el tope
donde reposa este amor nuestro.
Te veo tomando el tren equivocado.
Destino a escabullirte entre mis noches, distante.
Me abruma la imposibilidad de ti.
Los simbolismos juegan conmigo
dándome falsas direcciones,
euforias volátiles,
combustiones febriles,
disocio.
Ya no importa la constancia
ni ser el primero en la luna
pues sigo siendo víctima del silencio
incómodo en nuestros paseos en taxi.
Anhelo la posibilidad de tus posibilidades,
el compartir una constelación,
abrazar la banalidad,
hablar de las cuatros cosas típicas,
cocinarnos el desayuno,
obsequiarnos un símbolo,
admirar una hora del día
y querernos como si fuéramos adolescentes.
Aún no entiendo como
si nos abruma la misma tristeza
y compartimos los mismos pecados
nuestros lazos
no existen.
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