los ecos me magullan y no me dejan dormir.
Me susurran ideas incineradas.
y su ideología huera me abrasa el pecho.
Intento realizarme sobre mi agriedad
y la posibilidad de una gama nueva de salitre.
Soy dueño de mí, de mis corazones incinerados
y del límite de mis horizontes verticales (implosioné).
Tu amor quimérico me irrita los labios,
y aunque lo pruebe no sacia mi sed de agua salada.
El suplicio me recuerda que no usaba mis gafas
y gracias a los cristales quebradizos ante mis ojos
ya no solo estoy sordo sino también ciego.
Ahora el cielo está más claro
pero no puedo admirar sus paletas sin saborear cobre.
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