Retraté un ocaso,
quisiera haber visto el fulgor
del sudor de tu frente esa tarde.
Admirarte por un segundo infinito.
Me frustra tener que consultar
las posibilidades de nuestra convivencia.
Como si te fueras a rendir ante una caricia
al ritmo de mi silencio tardío.
El espectro de tu sala me persigue.
Medito mi vulnerabilidad, estoy a tu merced,
quiero abrazarte, brillar para ti,
y crear recuerdos para cien álbumes
de fotografías empíricas.
Aún así siento que nunca escalaré lo suficiente
como para resaltar entre las posibilidades de una diosa.
Si vivo en una realidad ficticia,
si de verdad este amor es quimérico,
ojalá no despertarme nunca,
ojalá mi sueño sea eterno.
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