ya no disfruto el arte de la guerra,
la traición de mi mano derecha
y la fantasía de su tacto colorido
me desquebrajó con furia.
La ceguera industrial me abruma
en medio de un bombardeo en negativo,
declino la posibilidad de su malicia,
errar es de humanos y los dioses no sangran.
El opio difumina mis ideas caóticas,
me hallo muy extenuado como para sentir ira
y el daltonismo me resulta un suplicio,
ahora llevo manchas azules por dentro.
La derrota nunca fue una opción,
El ruido del silencio resulta insoportable,
la incapacidad de un bocadillo afectivo,
la estática desaliñada me atormenta,
inhabilidad de escuchar su afecto.
El ánima que no baja de mi lomo
no asimila la genuina y rotunda soledad
que nos acecha este verano nevado.
me hallo muy extenuado como para sentir ira
y el daltonismo me resulta un suplicio,
ahora llevo manchas azules por dentro.
La derrota nunca fue una opción,
mi confidente no podría regalarme falacias.
¡Oh!, mi líder imperial,
declaro una capitulación,
me niego a seguir viviendo en un mundo
donde no puedo confiar en ella.
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