vive sumergida en sus ocupaciones
y los centímetros que nos separan
se sienten un océano latente.
Suya es la culpa de mi desorden
y del sismo constante que vivo.
Aterrado por el mar basto que conforma,
y el poco oxígeno que me obsequia
para escribirle poemas en mi naufragio.
Y aunque los ecos ensordezcan
su canto es el único que percibo.
Y aún sin navíos ni anclajes reales
sigo navegando con furia, buscando
poder amarle sin estribos.
mi mujer no es mía
y a pesar de todo
le sigo buscando estrellas,
le sigo siendo fiel.
y ella no lo sabe.
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